VIOLENCIA POLÍTICA DE GÉNERO

La violencia política de género es aquel conjunto de acciones que causan daño físico, sexual o psicológico a las mujeres que trabajan en el ámbito político; ya sean activistas, periodistas, asambleístas, presidentas, entre otras. La característica principal de estos actos violentos es que se encuentran basados en desprestigiar, deshonrar y humillar el trabajo de estas mujeres. Por esto, la Fundación Haciendo Ecuador ha venido realizando mensualmente un monitoreo acerca de la violencia política de género, para de esta manera evidenciar estos actos impetuosos, y en lo posible, prevenirlos (Fundación Haciendo Ecuador, 2021).

Para la realización de este monitoreo en primera instancia se hizo la selección de 54 asambleístas, 10 mujeres que se encuentran en funciones, 10 mujeres entre activistas y periodistas, 12 medios de comunicación, y 12 hombres políticos. Posteriormente se dividieron estos personajes entre un grupo de monitores, para finalmente dar paso al monitoreo, el cual consiste en buscar en las distintas redes sociales, como Facebook, Instagram y Twitter, publicaciones o comentarios que sean claros ejemplos de violencia política de género.

Hablando desde mi experiencia como monitora puedo decir que en la red social que más se evidencia estos actos violentos es Twitter. Considero que esto sucede por la regulación, o más bien la mala regulación de comentarios y posts; pues en Instagram y Facebook las políticas de uso son más rígidas. Por ejemplo, al momento de detectar un comentario ofensivo que intervenga con las normas de la comunidad, la red social Facebook inmediatamente elimina el comentario, y bloquea por unos días la cuenta de la persona que lo realizó.

Este hecho lo pude evidenciar por mi misma, ya que un día revisando los links de algunas publicaciones violentas que había encontrado anteriormente, me di cuenta que uno de los comentarios que yo había escogido como claro ejemplo de violencia política de género había sido eliminado. Sin embargo, en la red social Twitter nunca tuve una situación así, los comentarios por más explícitos o violentos que sean siempre se mantenían.

De hecho, si se busca en las políticas de Twitter se puede encontrar con el siguiente texto: “Sabemos que algunas personas usan un lenguaje violento como parte de un discurso hiperbólico o entre amigos, por lo que también permitimos algunas formas de discurso violento si está claro que no hay una intención abusiva o violenta” (Twitter, 2019). Y en un párrafo siguiente dice: “Nuestra definición de intención incluye declaraciones afirmativas como «Haré…», «Voy a hacer…» o «Planeo hacer…», así como declaraciones condicionales, como «Si haces X, haré…»” (Twitter, 2019).

Resumiendo, solo si las personas twittean con frases como haré, voy a hacer o planeo hacer, Twitter los sancionará; de lo contrario, no. Esto es un grave problema, pues deja un gran vacío que muchos haters de las redes pueden usar a su favor. En el proceso de monitoreo me he encontrado con comentarios con palabras como fea, lela, mujerzuela, bruja, sonsa, burra, entre otros; las cuales evidentemente pertenecen a un discurso violento que está permitido que se exhiba en Twitter.

Por otro lado, el grupo más vulnerable, o más bien el que ha recibido más violencia política de género, es el de asambleístas. Pues me he percatado que la ciudadanía descarga todo su enojo en ellas. Las culpan de la desestabilidad económica del país, los actos de corrupción; las acusan de desocupadas y ociosas, solo por subir fotos como cualquier otra persona; o asumen que su posición laboral se la deben a algún hombre político; incluso hacen insinuaciones de carácter sexual por su vestimenta y apariencia física.

Por el contrario, los que menos han hecho publicaciones denigrantes hacía las mujeres políticas han sido los medios de comunicación; lo cual se aplaude, pues da a entender que la prensa respeta a las mujeres y les da su lugar. No obstante, el segundo grupo más vulnerado ha sido el de periodistas y activistas, lo cual hace ver la ironía que existe. Pues mientras los medios de comunicación respetan a las mujeres, las mujeres que trabajan para estos medios, no son respetadas. Debido a que se las califica como vendidas, o alcahuetas.

En cuanto a las mujeres activistas, se las critica por alzar la voz, cuando precisamente a eso se dedican. En cambio, las mujeres en funciones como presidentas de GADS, ministras y políticas, no son muy humilladas, debido a que no existen muchas mujeres que se encuentren trabajando en este ámbito, o bien porque no usan las redes sociales frecuentemente. Finalmente, los hombres políticos como exalcaldes, asambleístas y antiguos candidatos presidenciales, no han hecho grandes manifestaciones de odio hacía sus compañeras; tal vez por miedo a una denuncia o porque simplemente entienden como es el trabajar en la política.

En síntesis, en la realización de este monitoreo he conocido más de cerca aquellos actos ofensivos con los que deben lidiar diariamente las mujeres políticas de nuestro país, pues estos no se dan a conocer en los medios de comunicación tradicionales. Por otro lado, considero que debería existir una mejor regulación en las redes sociales, para de esta manera evitar las acciones violentas hacía las mujeres en general; ya que, lastimosamente el ser humano solo mide las consecuencias de sus actos cuando existe una sanción o castigo. Para finalizar, considero novedosa esta iniciativa de monitoreo, y espero que estos aportes contribuyan para tener un país mejor.

Redacción: Paulina Díaz, Estudiante de Derecho de la Universidad Técnica Particular de Loja, en colaboración con la Fundación Haciendo Ecuador.

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